Egoísmo y panderetas

Llevo tiempo queriendo actualizar el blog pero por unas cosas u otras al final siempre me he quedado en eso, en la intención. Este simple hecho que parece tan nimio, es a la larga un pequeña proyección de lo que realmente define a la gente, dejadme antes divagar un poco y luego si os apetece pensáis en esto.
Esta mañana me ha llegado por twitter un enlace a una entrada del blog de David Jiménez titulado El triunfo de los mediocres y me ha animado a escribir aquí. Quizás pise un poco esa mediocridad de la que habla, pero mi intención es ir un poco más allá.

Estamos en tiempos de crisis, los tiempos de bonanzas económicas y bajos niveles de paro se han esfumado y no nos han dejado siquiera una mísera reminiscencia a la que agarrarnos. A lo largo de la historia moderna diversas crisis económicas se han sucedido y de todas ellas se ha salido con mejor o peor suerte. Pero es ahora, a principios del S XXI cuando de verdad creo que esta crisis económica va a arrastrar una crisis social impensable para los tiempos que corren y en el mundo que estamos. Y esto es lo que me ha hecho pensar y reafirmarme en algo que cada vez tengo más claro, la educación falla. Y no, no estoy hablando de la ESO, la LOGSE o Bolonia, estoy hablando de la educación de las personas, del desarrollo moral e intelectual de cada uno que está bastante alejado de las infinitas leyes educativas que se han sucedido en este país. Me resulta paradójico que en esta era de la tecnología en la que puedes hacer casi de todo con tu telófono móvil-ordenador, la sociedad no solo se ha quedado estancada, sino que ha dado un pasito atrás queriendo evitar un posible acercamiento al precipicio. Y la raíz de todo esto, bien anclada y sujeta, esa que todos tenemos bien escondida y que usamos a diestro y siniestro, no es otra sino el egoísmo. Sinceramente creo que es la educación la que nos permite dejar el egoísmo a un lado y obrar de una manera más consciente y, en mi opinión, más correcta. Buceando por la red he encontrado esta viñeta de Alberto Montt que creo ilustra muy bien el concepto:


Sin este egoísmo visceral me es imposible entender ciertas acciones de la gente, no solo de nosotros, los mediocres españoles, sino de todo el mundo (creo que no hace falta que escriba un listado).
Pero para llegar a la mediocridad no solo hace falta ser egoísta, sino que también hace falta saber tocar la pandereta, ese instrumento de percusión tan importante de nuestro folclore. Las panderetas siempre han formado parte de este país, no son algo nuevo que se haya puesto de moda ahora. Solo hay que pegar un vistazo a la historia para ver cómo ideas que habrían mejorado a la sociedad se quedaron en agua de borrajas o fueron desterradas gracias al sonido de este pequeño tambor, tocado eso sí, por egoístas. Pero un repaso a la historia sería demasiado arduo y no entra en el título que aquí precede (así que leed un poco por vuestra cuenta, ¡malditos!). Quizás hayan sido los incesantes cambios e invasiones que hemos sufrido, las diferentes alianzas y dinastías reales, o quizás, por qué no, el resultado de una extraña mezcla genética; pero lo que nadie puede negar son las peculiaridades que nos definen. Esas peculiaridades que nos llevan a premiar al más majo por encima del mejor, al más pillo por encima del más capacitado, al más grandilocuente por encima del más inteligente. Pero no solo erramos a la hora de premiar sino también a la hora de castigar y eso es igual de problemático que lo anterior, y si encima premiamos al que tenemos que castigar pues entonces ya somos de lo más patriotas. Un ejemplo bastante gráfico es la declaración de la renta, en la que todo el mundo busca pagar lo menos posible y si además lo hacemos de manera ilegal y  no nos pillan, pues muchísimo mejor, palmadita en el hombro y un ¿dime cómo hay que hacerlo?.
Otra gran problema es la vaguería tan típica de los pandereteros, esa que nos lleva hasta tal punto que preferimos que los demás piensen por nosotros y nos creemos a pies juntillas todo lo que sueltan por sus mass media o por su linda bocaza. Hay que ser crítico y tratar de pensar las cosas por uno mismo, no hace falta entrar en tecnicismos para ver cómo el populismo es el que nos está moviendo. Jamás entenderé por qué la respuesta más oída frente a una crítica siempre es: «como te puedes quejar si el/los que estaba/n antes mira cómo lo hizo/hicieron». Da igual el contexto, pero esta premisa se da en todos los ámbitos, ya sea político, económico, religioso o social. Esta es otra de las características del panderetero, el conformismo: aunque las cosas se estén haciendo rematadamente mal, como antes se estaban haciendo mucho peor, pues para qué quejarse.
Y podría seguir describiendo las peculiaridades del egoísta panderetero, algunas mucho más cómicas, otras totalmente incomprensibles, pero creo que he divagado suficiente como para hacer entender mi párrafo inicial que es lo que realmente buscaba. ¿O no?


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