Retales de la antigua URSS. Día 5: Descubriendo Kiev (parte II)



DÍA 5 (05-09-12) KIEV (Parte II)
           
            Emprendimos nuestro viaje de vuelta al hostel pasando por el monasterio de S. Miguel y después la verde iglesia de San Andrés. Encontramos una pizzería por el camino y decidimos parar allí a comer. Recuperadas energías cogimos calle abajo hasta el albergue, toda esa calle estaba repleta de puestecillos, tan pronto te vendían camisetas, como cuadros antiguos como souvenires. Decidimos dejar para más tarde las compras y pasamos por los puestos todo lo rápido que pudimos. Pero fuimos asaltados por un vendedor de huevos pintados (deben ser típicos) que nos dio una chapa considerable para que le compráramos. Hicimos gala de nuestra diplomacia y conseguimos continuar nuestro camino.
Monasterio San Miguel

Monasterio San Miguel

Monasterio San Miguel

Iglesia de San Andrés

            Al fin pudimos hacer el check in ya de manera oficial y subimos hasta la habitación correspondiente. Decir que el albergue estaba muy bien, muy nuevo, con mucho ucraniano que lo utilizaba como hotel y bastante limpio. Justo estaba hablando con Luis sobre lo bien que estaba el albergue cuando me subo a la litera de arriba de un salto y todas las tablillas que sostenían el colchón vencieron, con el consiguiente hostiazo acabando en la cama de abajo, que por suerte no estaba ocupada por Luis. Nos empezamos a partir el culo de buena manera, pero yo al caer decidí patear el marco de la cama y el moratón iba a hacer presencia de un momento a otro. Como pude salí de aquella destrucción y poco a poco fuimos reconstruyendo el tableado. Por supuesto elegimos otras literas comprobando antes que el tableado estuviera correctamente colocado.

Pre apocalipsis

Post apocalipsis
            Una vez instalados, duchados y frikeados, salimos a dar una vuelta por Kiev. Evitando al hombrecillo de los huevos pintados, decidimos que era buen momento para hacer compras en la calle de los souvenires, pero fue entonces cuando nos dimos cuenta de que todos los puestos o habían cerrado o poco les quedaba (eran las 18h), lo tendríamos que dejar para el domingo. Aprovechamos para ver con más calma la bella iglesia de San Andrés y las vistas desde su mirador. Proseguimos la caminata y en uno de los puestecillos abiertos encontré una camiseta que me apañaba, regateé un poco el precio y me la dejó por 80 UAH, así que decidí comprarla.

Subiendo

Iglesia San Andrés

Desde la Iglesia
            Retomamos el tour de la lonely donde lo habíamos dejado, fuimos hacia la catedral de Santa Sofía, que impresionante se erigía al fondo de una gran plaza. El sol estaba cayendo y aún nos quedaban cosas por ver, así que no nos entretuvimos mucho y continuamos la pateada. El siguiente punto fue el Zoloti Vorota, una construcción de madera que fue reconstruida hace muy poco, lo que le hace parecer un fuerte playmobil, no merece ni una foto, aunque justo en frente tiene una placita con una fuente muy cuca. Cerca estaba la ópera de Taras Sevchenko. Allí giramos para pasar cerca de la universidad pintada de colores llamativos. El edificio principal está pintado de rojo sangre y negro, las leyendas (y algunas guías) asocian este color a que fue el Zar Nicolás I quien lo ordenó para recordar la sangre perdida de soldados ucranianos durante la I GM, ya que hubo bastantes protestas estudiantiles. Algo imposible, ya que el zar murió antes de la GM y la universidad también fue pintada mucho antes. Los colores responden a los de la Orden de San Vladimir. Nuestra última parada fue la estatua de Lenin rodeada de puestos del partido comunista y a las puertas del mercado de Bessarabsky.

Santa Sofía al fondo

Monasterio San Miguel al fondo

Fuente frente al Zoloti Vorota

Ópera Taras Sevchenko

Iglesia Ortodoxa

Universidad

Estatua de Lenin
             Ya era casi noche cerrada, decidimos entrar a un supermercado BILLA a comprar víveres para la cena y el desayuno. Nos metimos luego en el submundo de Kiev, una infinidad de túneles subterráneos interconectados, repletos de tiendas y que supuestamente unían las paradas de metro. Nos costó la vida encontrar una entrada al metro, pero al final lo conseguimos y fuimos para el albergue. Nos encontramos con una nueva compañera de habitación, resultó ser una chica siberiana con la que cruzamos un par de preguntas, pero se le veía cansada así que bajamos a hacer la cena, huevos fritos con salchichas. La cocina estaba bastante bien, quizás faltaba un poco de espacio en la zona de cocina, pero luego había una mesa bastante alargada que terminaba al lado de unos pufs y un pantallón plano. El menaje tampoco estaba muy allá, ya que conseguir que no se pegaran los huevos fue algo bastante imposible. Con el estómago lleno sopesamos la opción de tomar unas cervezas en el bar, pero al pasar vimos que estaba bastante vacío, desechamos la opción y subimos de nuevo a la habitación, nuestra compi siberiana estaba ya acostada (y no, no había elegido la litera maldita). Nos tiramos a la litera, con mucho cuidado eso sí, y nos pusimos a escribir un rato nuestros respectivos diarios y a frikear con la wifi del albergue, poco a poco intenté echarme a dormir, pero por culpa de mocos en mi garganta pasaría una muy mala noche.

Andando por el metro

Nuestra cena

A la espera de devorar en la cocina


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