Desembarcando a por galettes: Turismo en compañía


DÍA 5: RENNES-DINAN-ST MALO-ST MICHEL-RENNES

Después de echar la bronca a los roncadores y sin haber pegado casi ojo sonaron los despertadores, hora de ponerse en pie. Patas, Pepe y Chino deberían ir a recoger el coche alquilado, se acabó el turismo de 2, ya nos juntaríamos todos y además Manu y Lara nos acompañarían ese día. Quedamos en una gasolinera cerca de la universidad, tras un intento fallido de echar gasolina en una ya que era automática y ninguna de nuestras tarjetas era aceptada, llegamos a la susodicha gasolinera, llenamos el depósito y esperamos. Tardarían aún un buen rato en llegar y mientras, chino, soto y yo simplemente hicimos tiempo.
Ya nos encontramos todos y quedamos directamente en Dinan por no estar liándola que si esperar que si tal…Total que ellos salen antes y nosotros al llegar a una salida vemos que está cortada, putada, esa salida nos dejaba justo en la carretera a Dinan, rápidamente busco en el mapa una alternativa para no tener que circunvalar la ciudad entera. Pillamos la siguiente salida y más adelante pillamos otra carretera que confluía con la primera, total que tardamos un ratillo más que ellos en llegar pero no mucho.
Aparcamos al ladito de la oficina de turismo, echamos la ORA y nos fuimos a patear el pueblo. Estaba bastante petado de turistas y en algunas calles daba bastante grima ver tanta gente, pero luego por otras se estaba bastante bien. Paseamos por su entramado medieval, por la torre del reloj, la basílica de St Sauveur y llegamos hasta la torre de Sta Caterina. Desde esa parte de la muralla hay unas espléndidas vistas del acueducto y del puerto. Atravesamos al Porte du Jerzual, subimos para ver desde arriba la calle del mismo nombre y luego caminamos por ella. Anduvimos por unas callejuelas más, otro par de Iglesias y después de comprar unos bollos exquisitos volvimos al coche. Dinan me dejó una buena impresión. Aunque el excesivo ambiente turístico le quita algo de encanto, bien merece una visita.


Dinan

Torre del reloj

Vistas

Callejuela Dinan

Dinan


 
Pusimos rumbo a St Malo. El trayecto era corto, unos 30-35km pero las indicaciones nefastas, tuvimos que dar la vuelta en un pueblo porque nos habíamos pasado la salida a la autovía que iba hasta allí. Llegamos al pueblo donde estaba la salida y nos costó bastante encontrarla pero al fin lo hicimos. Al llegar a St Malo la hilera de coches presagiaba que aparcar no iba a ser fácil, y así fue, dimos un par de vueltas y nanai, los parking todos petados, decidimos hacer cola en uno y tras 20-30 min de espera conseguimos aparcar. 
Era ya tarde, cruzamos intramuros y buscamos un sitio para comer. Había una oferta que nos convenció y nos sentamos, mejillones de primero y de segundo una carne exquisita al borgoña (creo recordar), para beber regamos el estómago con sidra bretona. La comida estuvo muy bien y Pepe nos la amenizó cayéndose de la silla a la calle (estábamos en la terraza sobre la acera) siendo el hazmerreír de la gente cercana y la preocupación del camarero. El baño del bar fue otra de las cosas que te llama la atención porque vas a mear y te encuentras con que en la taza no hay agujero sino mini agujeros, con lo cual dices eso lo han puesto para que la gente no cague. Pues bien, termino de mear, y para tirar de la cadena te indican que hay que dar un botón, lo pulso y empieza a caer agua y a la vez ¡se acciona una trituradora! Flipante, tendría que haber plantado un pino para comprobar el mecanismo…estos franceses.

Zampando
 
Conmocionados por el invento y después de abonar la cuenta, nos dispusimos a patearnos un poco la ciudad, pasando por un par de Iglesias, la catedral y dos plazas bastante concurridas. Llegamos hasta el mar y nos sorprendió la piscina natural que había allí junto a unas bellas vistas gracias a la marea baja. El viento era infernal, ni las gaviotas podían con él. Dimos un par de garbeos más y volvimos al coche para ir hasta nuestro último destino, el mont St Michel.




Catedral St Vicent

Calles St Malo

Desde el fuerte

La playa

Al llegar anunciaban que la marea se disponía a subir, así que nos tocó aparcar a 3km o así del monte. Aquello me impresionó, era como sacado de un cuento de ciencia ficción, una abadía dentro de un pueblo fortificado en un monte en medio de un trozo de tierra que con las mareas altas es rodeado por el mar. El camino, aunque largo fue muy agradable con el monte de fondo, cayeron unas cuantas fotos y unas cuantas tonterías.


Mont St Michel

Jumping


Justo al cruzar la entrada vimos que en 5min comenzaba a subir la marea, nos sorprendió la escasez de gente que había dentro, era ya tarde y dentro de poco comenzaría a anochecer. Eso sí, durante la subida de la marea la gente se agolpaba en cualquier lugar para poder observarla. Es una cosa muy extraña, porque dices va, no llega hasta ahí ni de coña y ves conforme pasan los minutos cómo va cubriendo todo el parking y cualquier reducto de tierra que se interpone en su camino, el Sol, ausente durante toda la jornada, no quiso faltar a tan maravilloso evento y pintó con una bucólica sombra las aguas y tierras con la silueta del monte, espectacular. Nos subimos a una muralla encima de un portón, un paso en falso y 3-4 m de caída al adoquín, vamos que seguro que estaba prohibidísimo hacer eso, pero no éramos los únicos. 


Subiendo

Va a subir la marea...



Autobús limando

A tope

Juego de sombras

La abadía


Ya con la marea alta y el Sol escondiéndose decidimos ir a sacar las entradas para la Abadía, había entradas de noche, que aunque sin guía, pudimos disfrutar de la iluminación interior acompañada de conciertos de piano y órgano dentro de la misma, dotándola de un aire muy gótico. La visita es bastante larguita, hay salas y más salas y la verdad es que a mi me gustó bastante aunque sea algo cara, además había un par de exposiciones de fotografías bastante chulas, eran de montes sagrados en el mundo y las instantáneas no tenían desperdicio. Después de visitar el patio exterior, el interior, las múltiples salas, la rueda montacargas y demás lugares, la visita acabó. La noche ya era cerrada y nos quedaba un largo camino de vuelta, primero andando hasta el coche y luego hasta Rennes. La instantánea del monte iluminado es brutal, una de las más bellas imágenes que he visto, una pena de no haber tenido un trípode y una réflex para inmortalizar como se debe ese momento.

Desde arriba

Patio

By night

By night



 Estábamos reventados, nos metimos a los coches después de la pateada y procuramos no dormirnos para no dejar al conductor solo ante el peligro, en este caso Soto. A la salida volvimos a no encontrar la carretera que queríamos y tuvimos que ir hasta Rennes por una secundaria, eso sí, daba mucha menos vuelta. Al fin llegábamos a Rennes, aparcamos y yo caí rendido en la cama, todo lo que los ronquidos me permitieron…


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