Con el Sol a cuestas. Día 8. Ikaria en moto



Otro despertar bajo un sol de justicia, ni una nube a la vista, de nuevo llevaríamos el sol a cuestas. Preparamos unas mochilas de supervivencia y dejamos el resto en una sala de la casa, este día tocaba visitar un poco la isla para luego por la tarde coger el ferry a la siguiente. Después de desayunar fuimos planificando el día y no resultó nada fácil. Todos los coches estaban alquilados y moverse por la isla con la escasa frecuencia de autobuses (por no decir nula) fue descartado al instante. Preguntamos por lugares para alquilar scooters y dimos con la tienda, pero el hombre no estaba. No éramos los únicos en busca de transporte y había que estar avispado para no perder las pocas motos que vimos quedaban a la puerta. Finalmente dimos con el hombre y vino con toda su calma. Nos decidimos por alquilar dos motos para los cuatro y dar una vuelta a las zonas cercanas. Yo no había conducido una scooter en mi vida, pero siempre hay una primera vez y qué mejor vez que en una isla griega sin apenas tráfico ni señales. 
 
Vistas desde nuestro apartamento
 
Nos pusimos los cascos, mochilas a la espalda y pusimos rumbo hacia el sur por la misma costa este. Cuando salimos de Agios Kirykos nos dimos cuenta de lo montañosa y grande que era Ikaria, con nuestras scooter no llegaríamos muy lejos. Pasamos por un par de pueblos y cogimos un camino para intentar bajar hacia el mar, pero a mitad de camino tuvimos que retroceder ya que el camino dejaba de estar asfaltado y había unos huecos importantes como para sortearlos con las motos. Volvimos al pueblo anterior: Xylosyrtis. Allí fuimos en busca de una playa, aparcamos las motos y caminando llegamos hasta una preciosa playa que parecía íbamos a conquistar nosotros. Era de piedra, eso sí, así menos arena que se nos pegaría. Pasamos en la playa gran parte de la mañana, tomando el sol, paseando y nadando en sus cristalinas aguas. Cuando empezaba a apretar el hambre decidimos retornar. Por el camino nos paramos en las aguas termales de lefkada, pero o fuimos muy torpes o no notamos nada termal por allí. Nuestra siguiente parada fue Therma, una vez pasado Agios Kirykos. Allí aparcamos nuestras motos y nos sentamos en un restaurante junto al mar.

 
De paseo con el casco

De paseo por Ikaria

Posando

Playa Xylosyrtis

Playa Xylosyrtis

Xylosysrtis

Por caminejos

Moteras expertas


Ni que decir tiene que la comida y el precio fueron magníficos y que la sensación de relax y vacaciones no pudo haber sido mayor. Una pena no hubiéramos planeado un día más en aquella maravillosa isla, la verdad que me quedé con ganas de explorarla más a fondo pero lo bueno es que siempre se puede volver. Llegó la hora de devolver las motos y mientras así lo hicimos los conductores, los paquetes fueron en busca de un taxi que nos acercara al puerto de Evdilos. Cómo no, otra vez el ferry que debíamos coger salía de la parte contraria de la isla, la zona norte. Fuimos a recoger las mochilas a la casa donde las habíamos dejado y para nuestra sorpresa la muñeca horrible de fany había desaparecido, nunca sabremos si es que se cayó al suelo y alguien la recogió pensando que era de otra persona o que alguno de los otros huéspedes quedó prendado de su belleza y decidió cogerla (ya que estaba en la malla de la mochila). Superada la pérdida nos despedimos de Madaleno y nos montamos en el taxi. Fue un viaje de una media hora por carreteras de montaña subiendo y bajando un par de puertos, las vistas fueron impresionantes (pena de no haber podido alquilar coche ese día). Desde lo alto de la montaña se veía el mar y pegado a él, el pueblo de Evdilos. Como todos los pueblos portuarios de las islas casas blancas, barcos y montañas al fondo. Pagamos a nuestro taxista (si no recuerdo mal unos 50€) y salimos a dar una vuelta por el pueblo. La verdad que tenía bastante más ambiente que Agios. Nos dio tiempo a refrescarnos en una cala cerca del puerto antes de montarnos en el ferry. Nuestro destino: Mykonos.

Therma

Therma

Therma

Restaurante en Therma

 El viaje en ferry fue tranquilo, de nuevo nos adjudicamos una mesa en la cubierta y desde allí admiramos los paisajes y recordamos las batallitas del día. Cuando la noche fue cayendo el aire hacía que fuera se estuviera demasiado fresco así que los últimos minutos los hicimos dentro de la cabina. El trayecto total fue de unas dos horas. Durante el viaje tanto Gala como Fany no paraban de repetir que cuando estuvieron ellas nada más bajar muchas personas te atosigaban para que fueras con ellos a sus alojamientos. Fue por ello por lo que al final decidimos no reservar nada con antelación. Pues bien, nos presentamos a las 9 de la noche en mykonos y nada más bajar del ferry allí no había ni dios. Aún no entramos en pánico porque quedaba la opción de callejear e ir preguntando. Llegamos hasta una de las calles principales del pueblo y cuando veíamos cartel de “accomodation” entrábamos a preguntar, todo estaba lleno. Ahora sí nos íbamos haciendo a la idea de que iba a ser complicado encontrar algo para esa noche. Además mi primera impresión del pueblo no es que fuera la mejor, isla de lo más pija (solo joyerías y tiendas de marca) y llena de turismo casi exclusivo gay. Vamos, que viendo mi ropa del rastro no pegábamos ni con cola. Tras mucho pateo y búsqueda, dimos con un hotel que también estaba lleno pero que muy amablemente nos dejó la contraseña de la WiFi y pudimos mirar por internet. Pedimos algo en el bar para no sentirnos demasiado garrapatas. Por suerte existían unos apartamentos a unos 15min caminando de los que había uno libre, eso sí, todo menos baratos. El camino era todo cuesta arriba y la última cuesta debería tener una inclinación de al menos el 15 %, con las mochilas a la espalda se notaba. Llegamos hasta los apartamentos, la verdad que el sitio estaba muy bien montado, con bar de copas, piscinaca y diferentes casas que contenían un par de apartamentos cada una en una gran explanada. Entramos al bar que hacía a la vez de recepción, nos enseñaron nuestras estancias y pese al precio quedamos encantados. Era ya tarde, había que ducharse, cenar y salir a dar un garbeo, pero por lo visto anteriormente no creo que fuéramos a durar mucho.

Evdilos

Evdilos

Evdilos
Desde el ferry


Nuestra mesa

Dejando Ikaria atrás

Bajamos al pueblo casi con un cartel diciendo: estamos fuera de lugar. Encontramos un sitio no excesivamente caro para cenar y pasamos un buen rato pateando el centro. La verdad que el lugar es muy bonito y está muy bien cuidado, todas las casas blancas y el suelo de piedra, pero el ambiente no nos llamaba mucho. Hablando con Gala y Fany nos dijeron que de cuando estuvieron ellas había cambiado mucho todo, que no era tan pijotero ni por asomo. La música, como era de esperar, estilo Ibiza y la gente vestía de marca hasta los calcetines. Nos tomamos un helado, paseamos hasta el mar y decidimos que aquello no iba con nosotros. En un principio nos íbamos a quedar allí dos noches, pero por unanimidad decidimos que con una era suficiente si éramos capaces de encontrar ferry hacia santorini a la tarde siguiente. De vuelta a la mega cuesta y bien cansados caímos derrotados en la cama.





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