Con el Sol a cuestas. Día 9. Exprimiendo Mykonos



Ya que aquella noche se nos había salido un poco de presupuesto qué menos que aprovechar de las instalaciones. Una vez despierto a ponerme el bañador y salir a la piscina a disfrutarla, que de nuevo la ausencia de nubes hacía que "Lorenzo" diera bastante guerra. Baño reparador, desayuno y fin de la estancia.

Nuestras vistas

Desayuno en la pisci


Nos acercamos hasta la taquilla de los barcos y pillamos los tickets para ir hasta la isla de Santorini esa misma tarde, un día antes de lo previsto, pero en lo que todos estuvimos de acuerdo. También aprovechamos para reservar alojamiento las siguientes tres noches, no nos iba a pasar como en Mykonos. Las mochilas las dejamos allí y así fuimos más ligeros a visitar aquella bonita ciudad. La verdad que no hay mucho que decir, es más fácil disfrutar de las imágenes: calles empedradas de casas blancas y algún que otro elemento azul. Lo bonito fue perderse por las callejuelas, entrar en alguna tienda para disfrutar de su aire acondicionado y gastar bastante la batería de la cámara de fotos. No pudo faltar la parada en la que llaman “Little Venezia” con las fotos de rigor. De tanto en cuanto parábamos a descansar a la sombra y comprar algún que otro refrigerio, pero los precios no habían cambiado respecto a la noche anterior y tampoco quisimos explayarnos. Paseando llegamos a una zona donde hay unos molinos al más puro estilo manchego, pero donde la meseta manchega ha sido reemplazada por un azul mar.

Agua cristalina

Callejuela vacía

Callejuela

Mujeres y escaleras

Little Venezia

El par de tres en little venezia
Molinos grecomanchegos

Desde los molinos

Mykonos al fondo

Intruso en la foto

Las calles se iban llenando cada vez más y el calor hacía lo propio. Tras pensar un rato  decidimos que podríamos ir a pasar un par de horillas a una de las playas de la isla y así refrescarnos. Para recordar viejos tiempo Gala propuso ir a Paradise Beach, lo que viene a ser una Benidorm pero en una playa. Comprobamos  los horarios de los autobuses y vimos que nos cuadraban, así que nos decidimos por esa opción. Volvimos a cruzar todo el pueblo, disfrutando de las callejuelas y las vistas al mar, estuvimos tentados de tirarnos al mar en la diminuta playa Anna del centro de Mykonos, pero decidimos por acelerar el paso y llegar a coger el bus hasta Paradise. 

De vuelta a la ciudad

Una pequeña playa

Al rico salto

El camino no fue muy largo, el bus nos dejó a las puertas de la playa. En un bar/supermercado de la zona pillamos un bocata a precio de oro y sabor de barro, pero bastante más barato que a pie de playa. La zona estaba bastante vacía, era pronto aún, pero por lo que las repetidora viajera nos iba comentando, la cosa había cambiado mucho. Los pubs al más puro estilo Benidorm estaban bastante vacíos y aunque en la playa sí había gente el ambiente no era el de la fiesta total de antaño. No supimos si es que aún era muy temprano o que la moda había cambiado y lo que fue en su momento ya dejó de serlo. De todas maneras aprovechamos el tiempo que teníamos y nos torramos un poco al sol y nos dimos unos buenos chapuzones. La tarde se nos echaba encima y era momento de coger el bus de vuelta. Una vez en Mykonos cogimos nuestras mochilas y fuimos hasta el puerto a esperar a que llegara el barco que en algo menos de 3h nos dejaría en Santorini.
Allí nos estaba esperando una furgoneta para llevarnos a nuestro alojamiento, era ya de noche y no pudimos disfrutar de la subida pero sí nos la pudimos imaginar. Resulta que para llegar o salir del puerto de Santorini hay que bajar una impresionante pared casi vertical de unos 300m. A unos 12 km se encontraba nuestro alojamiento, a las afueras de Karterados. Un lugar tranquilo pero con lo básico: agencia de alquiler de quad, un par de restaurantes, panadería y una playa a un par de kilómetros. Al llegar nos recibieron efusivamente y enseñaron nuestra habitación, pasando por una piscina y con un patio común que por supuesto utilizaríamos. Como era tarde no tardamos mucho y preguntamos dónde ir a cenar. Nos embutimos unos cuantos productos del mar aguados con vino y tras reposar lo suficiente volvimos a nuestro hogar temporal. El día había sido largo y estábamos cansados.






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