Con el Sol a cuestas. Día 13. Impresionante Atenas



El siguiente recuerdo que tengo es despertar y estar ya casi atracando en el puerto de pireo, aún era bastante de noche. Habíamos reservado un apartamento por airbnb y la anfitriona había accedido a dejarnos las llaves desde esa madrugada por el mismo precio, sólo teníamos que llegar hasta el lugar. Y eso fue la odisea, ya que todo el mundo que bajó del barco (que iba a reventar) fue en busca de un taxi, así que había que moverse rápido o no saldríamos de ahí nunca. Hubo un poco de confusión con un par de colas y al final decidimos andar un poco hasta una de las calles principales paralelas al puerto y probar suerte parando un taxi. Tras unos minutos de intentona lo conseguimos. Llegamos al apartamento y allí estaba esperándonos, muy amigable nos enseñó el piso y las cosas más importantes. El lugar estaba bien y nosotros estábamos más que cansados, tocaba meterse a la cama.


Dormimos unas 6 horas y nos fuimos levantando poco a poco, ducha reparadora, desayuno y visita a la ciudad. Salimos a la calle y el calor era achicharrante, ya no teníamos la brisa marina y el calor del asfalto y los grandes edificios se hacía notar. Nos montamos en un taxi que nos pararía en la inmensa plaza Syntagma, tan conocida por las manifestaciones ya que allí se encuentra el parlamento griego. Nos acercamos hasta allí para observar de cerca la guardia apostada al sol sin mover un pelo con sus típicos zapatos de borlas. Nos hicimos las fotos de rigor y en búsqueda de algo de sombra nos metimos en los jardines nacionales. Continuamos la caminata hasta llegar al Palacio Zappeio y por último al templo de Zeus Olímpico. Este último era gratuito con el carnet estudiante, y pese a que en el mío de la universidad ponía bien claro staff me dejaron pasar sin pagar nada. Las ruinas que quedaban del templo eran bastante impresionantes, varias columnas con capiteles estilo corintio de varios metros de altitud y otras tantas aún por reconstruir. Como Gala ya había estado y no tenía su carnet de estudiante no quiso volver a pagar así que tampoco nos entretuvimos mucho en la visita. De allí pasamos por el arco de Adriano con rumbo al centro de la ciudad. 

Parlamento griego

Molestando a la guardia

Jardines nacionales

Palacio Zappeio

Templo Zeus Olímpico

Columnas del templo Zeus Olímpico

Templo y acrópolis detrás

Arco de Adriano

Dimos una vuelta por la calle Adrianou entrando a alguna de sus tiendecillas y cuando nos hubimos aburrido de visitar la zona y nuestros estómagos comenzaban a protestar, volvimos hasta el museo de la acrópolis donde un ateniense amigo nos había recomendado comer. El museo era bastante moderno y con buenas vistas, la recomendación del restaurante fue buena. La comida estaba deliciosa y aunque el precio fue algo más elevado en comparación con lo que estábamos acostumbrados, el lugar y los platos se hacían valedores de esos eurillos de más. Reposada un poco la comida salimos al horno ateniense y seguimos disfrutando del paseo (que no del calor) por el barrio de Plaka hasta llegar a la calle de tiendas Ermou. Por allí nos encontramos casi sin querer con la Iglesia de Kapnikarea, un pequeño templo que parece no cuadrar en la zona y que según nos enteramos fue reconstruido por la Universidad de Atenas. Después de comprar unos suvenires y unos helados, pasear por la zona de Plaka y Monastiriki decidimos movernos ya hacia la acrópolis. Gala que estaba cansada y no se encontraba muy bien, decidió no repetir e ir al apartamento a descansar, así que le dejamos las llaves y nos fuimos los tres a subir hasta la acrópolis.  

Museo de la Acrópolis

Vistas desde la terraza del restuarante

Iglesia de Kapnikarea


Nuestra primera parada tras la subida fue una de las colinas atenienses, en este caso la colina de Aeropagus frente a la entrada de la acrópolis. Desde allí se observaba perfectamente gran parte de la ciudad así como el monte Licabeto y la colina de Pynx. Hicimos unas cuantas fotos y nos movimos hacia la entrada a la acrópolis. Las hordas de turistas cada vez eran mayores pero la verdad que una vez dentro el espacio era muy grande y perdiéndote un poco podías encontrar algo de paz. ¡¿Y qué decir de la acrópolis?! Pues la verdad que es mejor estar allí o en su defecto disfrutar de las fotos. Los teatros reconstruidos, las vistas de la ciudad, los templos, las columnas cariátides y como no, el impresionante Partenón, gustan a propios y extraños. Sin duda es una visita imprescindible te guste la historia o no, si pasas por Atenas debes visitar la Acrópolis. La verdad que es una pena que la mitad del Partenón aún se encuentre en el museo británico, espero que en algún momento sea devuelto y la experiencia pueda ser aún más enriquecedora. 

Vistas desde la colina Aeropagus (monte Licabeto al fondo)

Acrópolis

Odeón de Herodes Ático
Entrando a la Acrópolis

Partenón

Vistas de la ciudad

Más Partenón

Templo de Zeus desde la Acrópolis

Jumping in the Acrópolis

El bello partenón

Partenón y columnas humanas

Las cariátides


Templo de las cariátides

Saliendo de la acrópolis decidimos seguir nuestra visita turística de la ciudad bajando hacia el templo de Hefesto que veíamos desde las alturas. El paseo es a través de la denominada ágora antigua, donde numerosos templos y “estoas” salpican todo el lugar. A destacar la inmensa estoa de Átalo, que en la actualidad alberga el museo del Ágora. Caminando llegamos hasta el precioso templo de Hefesto, el templo dórico mejor conservado de toda Grecia de casi 2500 años de antigüedad. Y es que en Atenas, te muevas donde te muevas la historia se puede hasta respirar. Esa sensación de estar entre cientos de construcciones antiguas no la recordaba desde mi visita a Roma y la verdad que pone los pelos de punta. Desde el templo se pudimos apreciar la acrópolis en todo su esplendor, como si el sol fuera un flexo iluminando una maqueta. Seguimos paseando por la zona hasta que emprendimos la vuelta a casa.

Estoa de Átalo

Estoa de Átalo

Templo de Hefesto

Templo Hefesto

La Acrópolis desde el templo de Hefesto

 Reunidos los cuatro descansamos un rato y pensamos el qué hacer, finalmente decidimos salir a dar una vuelta a cenar y disfrutar de la ciudad por la noche. Se respiraba otro ambiente, los turistas recluidos en algunas terrazas pero eran los lugareños los que ahora se hacían con el control de las calles. Pasamos cerca de un mitin político, de una concentración y de varios grupos de jóvenes simplemente charlando en la calle cerveza en mano. El lugar que elegimos para cenar fue bastante acertado, la carne estaba exquisita y los platos fueron abundantes. Al torcer la esquina, la acrópolis iluminada nos daba las buenas noches. Una grata instantánea antes de meternos en la cama.




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