Con el Sol a cuestas. Día 14. A viajar toca



Nuestra aventura ateniense llegaba a su fin, el viaje lo habíamos planeado para pasar más tiempo en las islas griegas y sólo un poco en la Grecia continental. Bajamos a desayunar a un bar cercano y de allí pillamos un taxi hasta la estación de autobuses de Liossion. No fue tarea fácil encontrar la maldita estación ya que no se trata de la estación principal. Tras unos minutos intentándonos comunicar con el taxista (ni papa de inglés/español) creímos nos llevaba en dirección correcta, y así fue. Nos acercamos a la estación simplemente para comprar los billetes hasta Kalambaka, ciudad cercana a Meteora, nuestra siguiente y última visita del viaje. El bus no no salía hasta las 15:30 así que nos metimos en un taxi esta vez dirección al mercado central, Agora Varvakis.  
El mercado era bastante grande y la cantidad de carne, canales, pescados y otros víveres era bastante curiosa de ver. Una pena que no tuviéramos la cámara en mano porque habría sido una escapada fotográfica bastante interesante. Deambulamos entre el jaleo de la gente y por las tiendecillas de alrededor y decidimos seguir andando hasta la plaza de Omonia y de allí hasta el apartamento, a pocos metros de Metaxourghio. Habíamos quedado con la dueña, le devolvimos las llaves y de nuevo pusimos rumbo hasta la estación de bus.

Nuestro apartamento por dos días

El trayecto hasta Kalambaka era largo, primero un bus de 4h y 30 min hasta Trikala, y de allí otro autobús hasta Kalambaka, de una hora de trayecto. El autobús era algo viejo, pero no incómodo, hicimos una parada larga a mitad de camino y pudimos pillar un dulce casero que nos acompañaría durante un par de días. Era como una especie de gelatina dulce que simplemente pedimos porque tenía buena pinta. Como era barato y mucha gente lo pedía pues por qué no. Nos lo sirvieron al corte, de aspecto gelatinoso pero compacto y de saber muy dulce, nos gustó. Una vez de vuelta ya conseguí adivinar de qué se trataba, su nombre es “kidonopasto” o en griego Κυδωνόπαστο. Una especie de membrillo griego como el que puedes ver en la foto, pero a diferencia del típico español éste lleva almendras en bastante cantidad.

El famoso kidonopasto

 

Llegamos hasta Trikala, no sin haber pasado antes por carreteruchas y curvas y más curvas. Creíamos íbamos a entrar a la ciudad, pero no, la estación estaba a las afueras. Hicimos el cambio de autobús sin problemas y nos montamos casi en un autobús de línea que se iba llenando en cada parada que hacía (por desgracia bastante frecuente). Llegamos de noche a Kalambaka, el hostal que teníamos reservado estaba a unos 10 minutos caminando, eso sí, cuesta arriba. Yo creo nos costó más de lo normal por el cansancio acumulado, pero en cuanto hicimos el check in y dejamos nuestros enseres, salimos raudos a la plaza central para encontrar un lugar donde nos dieran de comer. Al final el sitio fue bueno, bonito y barato, así que encantados.
Volvimos al hostal y yo pillé la cámara de Fany y salí a dar una vuelta a intentar capturar alguna instantánea de algunos de los iluminados pedruscos coronados por monasterios tan típicos de la zona. Como era noche cerrada no me pude hacer mucha idea del paisaje de alrededor, pero por los pocos que estaban iluminados los expectativas eran muy altas. Tras un corto paseo en la oscuridad volví a la cama, nos esperaba un día muy largo.


Los pedruscos by night





  Índice                                                                                                   Siguiente capítulo           




No hay comentarios:

Publicar un comentario