De Ruta: Tailandia I

Probando, probando, uno, dos, uno, dos...Parece que  funciona. Nada, que antes de emprender estas mini vacaciones decidí que iba a escribir algo mientras estuviera en ruta. La historia es que muy cómodo escribir desde el móvil no es, así que dudo que las entradas sean largas y probablemente vendrán con erratas. Pero vamos allá con la primera (que parece que con mi conexión patata no habrá fotos).


Dublin-Abu Dahbi-Bangkok-Nakorn Si Thammarat-Koh Samui

El día empezó temprano y aún no tengo muy claro cómo terminó. Nuestro vuelo salía de Dublín rumbo Bangkok con escala en los Emiratos. El primer tramo de vuelo, pese a ser el más largo fue el más ameno viendo docus y pelis en la pantalla. La escala era corta, muy corta, de apenas 65 minutos. El vuelo estaba llegando y cuando el capitán anunció que la temperatura externa era de 41 grados nos asustamos, pero lo peor fue salir y comprobarlo. Por suerte el bus y el aeropuerto estaban aclimatados. Salimos a toda prisa, pasamos un control de risa y a buen ritmo llegamos a la puerta asignada. Aún no habían empezado a embarcar y tardaríamos aún en hacerlo.


Una vez arriba el cansancio comenzaba a hacer mella, pero dormir con el estómago vacío no era buena idea así que decidí esperar a que trajeran la bandeja con víveres. La comida estaba rica y no tardaron mucho en traerla, aunque sí en retirarla. Incrustado al lado de la ventanilla y con la bandeja desplegada, me era imposible salir y mear antes de dormir era necesario. Esperé y esperé algo más de una hora y aún no nos habían recogido la bandeja. Decidí cerrar los ojos y ponerme el antifaz. Tras veinte minutos más al fin recogieron y pude salir al baño aprovechando el momentum. Luego me acurruqué pegado a la ventanilla e intente dormir. No fue tarea fácil por la cantidad de turbulencias que atravesamos, al final calculo que no estuve frito más de tres horas.
Llegábamos a Bangkok, rellené el papelito de marras para la aduana y aterrizamos. El aeropuerto era grande y nos tocó andar bastante, pasamos el control, nos sellaron el pasaporte y a por nuestras maletas. Llegamos a la cinta correspondiente y allí no aparecieron. Tocaba acercarse al stand y reclamar. Muy amablemente nos tomaron los datos, preguntaron el tipo y color de las maletas y nos aseguraron que nos las enviarían a Koh Samui esa misma noche o a la mañana siguiente.
Ligeros de carga fuimos hasta la puerta 3, afuera salía el bus rumbo al otro aeropuerto (Don M). El trayecto fue de una hora o así y por el camino nos hicimos una idea del caos de ciudad que era Bangkok, coches, motos, viaductos, carreteras y autobuses. Como aún quedaban unas cuantas horas para que saliera nuestro vuelo a Nakorn Si Thammarat, salimos a la tórrida calle. Para nuestra suerte justo en frente había un templo budista bastante chulo. Desempolvamos nuestras cámaras de fotos y nos sentamos un rato a la sombra. Luego fuimos a ver los puestecillos callejeros de alrededor y de vuelta al aeropuerto.


El templo


Tras mi primera y corta impresión no pude sino comparar con mi otro viaje asiático de unos años atrás: India. Ni hacía tanto calor, ni había tanta mierda, ni tanto caos en las carreteras. Lo que no quiere decir que me diera sensación de frescor y limpieza, en absoluto. Hacía 35 grados y limpias lo que se dice limpias no estaban las calles, pero es que el estándar indio creo es el top.

Dentro del aeropuerto la película era bien distinta, impoluto y con una zona totalmente nueva. Paseamos de comercio en comercio decidiendo dónde comer hasta que nos decidimos a comprar como aperitivo unas bolas rellenas de diferentes sabores. Eran bastante compactas, envueltas en hojaldre y sésamo. Nos gustaron. La opción de la comida no tanto, yo opté por un pad thai y Pedro y Lara por una sopa de pescado y tofu rojo. Mi pad thai estaba aceptable, pero la sopa de esta gente la verdad no incitaba a probarla y la verdad no causó buena sensación.
Pasamos sin problema el control y fuimos a la puerta a esperar al vuelo. Ese tiempo de espera fue matador, los ojos se caían y necesitábamos o hacer algo o sentarnos en el avión y morir la hora de trayecto.
Tuvimos la suerte de que nos tocara en las salidas de emergencia, más hueco para las piernas. Lo peor fue es justo detrás tenía 3 niños que no pararon en todo el viaje de gritar en catalán y moverse del asiento. Vamos, que me dieron el viaje. Aún así algo pude dormir.
Al llegar teníamos el bus transfer hasta el puerto donde cogeríamos el barco hasta Koh Samui. Para nuestra sorpresa, estábamos a 120km del puerto y no a unos 20 como creíamos cuando pillamos los billetes. El viaje fue en un minibus y la verdad que el paisaje era precioso, pero el trayecto de más de largo. Por el camino sufrimos la primera "monzonada" del viaje, agua torrencial que parecía no terminar nunca pero que no duró más de 10 minutos.
Llegamos hasta el puerto, un lugar apartado de la civilización pero con unas vistas impresionantes sobre la costa. Tuvimos la suerte de avistar delfines ¡y uno de ellos rosa! Justo antes de embarcar empezó a llover un poco y en cuanto el barco se alejó de la costa dejamos las nubes atrás. El camino en barco no fue muy largo, poco más de una hora. Dentro el aire acondicionado a tope, fuera calor y humedad, así que alternamos.
Al llegar pillamos un taxi hasta nuestro resort, a unos 20 min. Hicimos el check in. Después de 28 horas y media de montarnos en el avión en Dublín, llegamos al destino.
En recepción les contamos lo de las maletas y muy amablemente llamaron y nos comentaron que llegarían por la mañana. Llegó la hora de explorar el lugar. Estábamos alojados en Koh Samui, en la playa de Mae Nam al norte de la isla. El lugar estaba bien, con la playa a 20m y la carretera principal a 100m. En ella se concetraban la mayoría de tiendas, restaurantes y bares. Tras dar un paseo nos decantamos por uno y fue una buena elección. Yo cené barracuda frita con arroz, salsa de jengibre y algo más, muy rico. También cayó la primera chang (cerveza autóctona). No tardamos mucho en ir para la cama, creo que nos merecíamos descansar en una cama.

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