De Ruta: Tailandia II

Koh Samui

Tras un buen y merecido descanso amanecimos sobre las 9, había que ir a por el desayuno incluído. Barra libre de tostadas, mantequilla y mermelada y luego un plato a elegir entre huevos (fritos o revueltos)pancakes y yogur con cereales. El primer día me decanté por los huevos revueltos, también lo acompañaban con bacon, salchicha y un par de rodajas de fruta. Bastante aceptable. 
Hoy queríamos visitar la isla en moto, pero antes de alquilarlas decidimos ir a catar la playa. El sol se escondía por momentos, pero el calor era cada vez mayor. La playa estaba muy bien, con aguas muy claras y calientes y con unas vistas de la vecina Koh Pha Ngan. Con el paso del tiempo cada vez se acercaba más gente a la playa, pero aún era temprano y no hay que olvidar que no estábamos en temporada alta.

Playa Mae Nam



Alquilamos las motos en el hotel, al mismo precio que en el resto de la isla (200 Bhat/día). Cascos a la cabeza y a la carretera. Costó hacerse con la moto, pero tras 5 minutos dando unas vueltas por la zona ya lo teníamos todo controlado. Ir en moto por la isla tiene sus peligros y es conocida por la cantidad de accidentes de moto. La carretera principal está bien asfaltada, pero el tráfico es bastante fuerte con una cantidad importante de motos. Nada más salir de Mae Nam hizo amago de llover, pero al final sólo fue un susto. Pasamos por el pueblo de los pescadores, a pie de playa y rodeado de resorts tampoco nos pareció gran cosa así que decidimos seguir hasta el templo budista. 
Es un templo coronado por un Buda sentado al que se accede por unas cuantas escaleras. Por supuesto, las zapatillas hubo que dejarlas debajo, suerte que no pegaba el sol y no quemaba mucho el suelo. Desde arriba las vistas eran muy bonitas, se veía una de las bahías de la isla con sus aguas claras y tranquilas. Hicimos unas cuantas fotos y continuamos a nuestro siguiente destino, la playa de Choeng Mong.

Templo Budista


Se trataba de una playa preciosa escondida en la esquina noreste de la isla. La verdad que el acceso como las indicaciones son muy deficientes (cuando no nulas) así que tuvimos que andar con ojo y preguntar a un paisano. Entramos por el final de la playa cruzando un puente de madera no muy estable y un garito con tablas de billar. Lo primero que se vimos fue una pequeña isla rodeada de pescadores y ya luego a nuestra derecha la playa. Era muy bonita de arena blanca y fina, pero donde no cubría absolutamente nada. Parecía podías ir andando hasta la islilla cercana. Aparte de que las zonas libres de coral eran muy limitadas, así que había que entrar con escarpines o chanclas. Alrededor de la playa varios resort y un par de chiringuitos, una zona muy tranquila, eso sí.

A pie de mirador

Volvimos a las motos para cruzar la población más grande de la isla: Chaweng. Nos llevó bastante tiempo no sólo porque sea alargada paralela a la playa del mismo nombre sino porque el tráfico era muy intenso. A ambos lados de la carretera resorts, hoteles, restaurantes y todo tipo de comercio. Llegó un momento en que la carretera se vuelve de un sólo sentido y se estrecha cada vez más, dando la sensación de caos y locura (por gente, cables y establecimientos) pero por suerte no estaba a su máxima capacidad.
Nuestra siguiente parada fue un mirador antes de llegar a Lamai. Allí tomamos un refrigerio en un puestecillo, echamos fotos de las vistas y bajamos a pie de mar por unas escaleras y luego unas rocas. Se agradecía la parada, pero el hambre apretaba y decidimos buscar algo por la playa de Lamai. La verdad que comimos bastante bien unas ensaladas y yo una sopa típica que me gustó bastante.

Se nos echaba la tarde encima y con ello la luz, aún queríamos visitar otro sitio antes de emprender la vuelta a casa. Unas cascadas llamadas "cascada 2" en el centro de la isla, al sur del puerto principal de Nathon. Una pequeña indicación nos hizo torcer a la derecha y emprender la subida hasta lo que resultó ser un centro turístico cercano a la cascada. Allí aparcamos las motos y nos recibieron un par de elefantes dando una vuelta a unos turistas. Andando ya seguimos subiendo y pasamos por la puerta de un safari, un show de monos y alguna mierda más. Nos cruzamos con una familia de elefantes totalmente encadenados a los que los guiris compraban bananas y se las daban de comer. Daban mucha penilla. Para llegar hasta la cascada se empinaba la cosa y te ofrecían subirte en 4x4 por un módico precio.Decidimos fiarnos de nuestros pies y no nos fue mal, los primeros 200m eran una buena cuesta, pero luego la cosa se suavizaba y descendía otra vez. La entrada a las cascadas costaba 50 Baht e incluía botella de agua que no tardamos en abrir. El sol calentaba en el peor momento. En la zona había un jardín y una pequeña piscina a la que podías bajar por un tobogán acuático (pagando, eso sí). Luego tocaba escalar por un camino de tierra lleno de tramas, piedras y más complicaciones. Accesible lo que se dice accesible no era. El camino llegaba a pies de la cascada, no soltaba mucha agua pero la justa para poderte mojar los pies en las caídas que quedaban un poco estancadas.

Cascada 2

De vuelta en la moto y rumbo a Mae Nam nos paramos poco antes de llegar al muelle de Nathon, una bonita estampa de una playa y el sol poniéndose nos hizo decidir para a pasear por la zona. Luego nos acercamos a un mercadillo de comida cercano y empezamos a probar varias cosas autóctonas: fruta, pescado, carne elaboradas al estilo thai. La verdad que estaba todo muy rico, pero sin duda lo mejor fue el durian, una fruta que dicen huele mal (yo no percibí nada) pero que sabe muy rica. A mí me supo a una mezcla de plátano y natillas, sin embargo, la textura es bien diferente, bastante cremosa y jugosa.
Ya se nos había echado la noche encima y volvimos a las motos, el camino hasta Mae Nam tiene un tramo en obras y poco iluminado, fue quizás la zona más problemática a la hora de ir con la moto por toda la carretera que rodea la isla. Llegamos sin ningún percance.
Una vez allí devolvimos las motos y fuimos a tomar algo a un chiringuito de la playa. Unos cócteles. Al final nos entró más hambre y pedimos algo para picar: calamar y gambas rebozadas, papaya frita en salsa agridulce y plátano rebozado frito. No dejamos nada en los platos.
Al volver al hotel intentamos reservar un tour al parque nacional marino de Angthong, pero para nuestra desilusión deberíamos haberlo hecho antes de las 8 de la tarde. Panolis de nosotros no se nos pudo ocurrir a ninguno. Así que buscamos plan alternativo mirando otras compañías, pero nada. Al final decidimos ir a Koh Tao en el primer catamarán de la mañana, así que pusimos los despertadores a las 7 para desayunar algo antes.

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