De Ruta: Tailandia III

Koh Tao

Pasados unos minutos de las 7 me encuentro a Lara y Pedro en recepción para pedir transporte y reservar el barco a Koh Tao. La recepcionista se estresó, dijo que no daba tiempo en el barco de las 8 (el puerto estaba a 10min en coche) pero finalmente llamó y nos metió en el taxi corriendo sin dejarnos ni desayunar. 

Tranquilidad absoluta en la playa de Mae Nam



El trayecto en barco fue tranquilo y pudimos pillar algo de comer para matar el hambre. Había salido un buen día, bastante soleado. Nada más llegar a Koh Tao el caos de los alrededores del muelle era absoluto entre gente, maletas, mochilas, carteles, motos y estrechas calles. Nos alejamos del barullo y un hombre, Ching, nos ofreció un taxi boat para dar la vuelta a la isla e ir parando a hacer snorkel. Nuestra idea inicial era ir a una playa alejada y pasar allí la mañana haciendo snorkel, pero la idea del tour, aunque algo cara, era mucho más jugosa y nos venía de perlas pensando en el poco tiempo que teníamos (alrededor de 5h) hasta el barco de vuelta.
Ching nos llevó directos a la playa donde tenía su barcaza y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en el mar para rodear la isla en el sentido contrario a las agujas del reloj. La isla se veía espectacular: verde salvaje, montañosa y con los resorts de colores moteando el mapa. La primera parada fue en la bahía de Thian Ok, cerca de la isla tiburón. Nos sacó tres kits de snorkeling y ¡al agua! El agua estaba totalmente cristalina y los peces de todos tamaños y colores se ponían a nadar a tu alrededor. Estuvimos un buen rato gozando de la experiencia. De camino al barco para echar unas fotos vi a lo lejos un relativamente pequeño tiburón que iba nadando a su aire. Cuando llegaron Lara y Pedro me dijeron que ellos también habían visto un par de escualos muy cerca.

Koh Tao desde la barca de Ching

Volvimos a la barcaza y seguimos la ruta, ya habíamos alcanzado la costa este de la isla donde hicimos un par de paradas más. Peces, corales, anémonas y todos los colores nacidos y por haber, desde rayas blancas y negras, hasta verdes fosforescentes, amarillos chillones, azul cielo y rosa fucsia.
Como ya íbamos algo pillados de tiempo nos saltamos una de las paradas en el norte y fuimos directamente a desembarcar a la isla vecina de Nang Yuan. Justo al llegar las nubes empezaron a llegar con un viento bastante fuerte y el monzón no tardó en aparecer. La pequeña isla paradisíaca estaba atestada de turistas y eso que te cobran entrada. Por la lluvia todos metidos en el restaurante. Como ya apaciguó un poco decidimos salir y explorar el islote.
La verdad que es preciosa, pero la cantidad de gente que hay le quita bastante el encanto. Rodeamos hasta donde pudimos y luego subimos a un mirador. La subida fue mortífera, escaleras primero, rocas después y turistas por todos los lados. Pero sin duda las vistas merecían la pena. Un sendero de arena separaba dos playas que llevaban a la otra parte de la isla (por la que habíamos desembarcado). Había mucho trasiego de gente y el espacio era pequeño, tras unas cuantas fotos emprendimos la bajada. Por el camino varias hordas de mosquitos decidieron acribillarnos. Habíamos quedado con Ching en una hora que ya casi estaba cumplida, pero antes nos bañamos unos minutos. 

Islote de Nang Yuan

El mar estaba algo picado, pero el trayecto ya no era muy largo. Una vez en la playa de Mae Haad fuimos a ver si pillábamos unos bocatas para comer, en treinta minutos teníamos que hacer el check in. Cuando nos metimos en la locura de las colas para dos barcos diferentes empezó a caer la de dios, viento y lluvia. Nos refugiamos como pudimos y pronto entramos al catamarán.
Cuando llegamos a Koh Samui esperamos a nuestro taxi, pero allí no llegó nadie. Decidimos volver andando, unos 45min. Por el camino pillamos unas Chang y al llegar tras preguntar el porqué de la ausencia de taxi fuimos directos a la piscina. Básicamente, la recepcionista de la mañana había olvidado apuntar bien que nos tenían que venir a recoger. También aprovechamos para reservar el tour a Anthong esta vez sí a tiempo.
Estábamos bastante cansados y algo quemados, fuimos a cenar a otro chiringuito y volvimos temprano a descansar. De nuevo a las 7 en pie.

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