Entre tortugas y capibaras. Santa Catalina y Coiba

Continúo (o comienzo según se vea) el diario con el primer lugar que visitamos tras pasar la primera noche en Panamá City. En la última entrada de este diario hablaré sobre la capital y comentaré un poco cómo fue nuestra llegada y demás. Ahora prefiero daros un poco de envidia con nuestro primer destino del viaje en la región de Veraguas: Santa Catalina





En el mapa que compartí en el primer capítulo introductorio de este diario podéis observar que me refiero al punto B, el trayecto más largo del viaje. Largo no sólo por distancia, sino por tiempo. Salimos de Panamá City sobre las 6:30 am y llegamos a Santa Catalina sobre las 17:30, lo que hace unas 11h de viaje para un trayecto de 370km (paradas incluidas y alternancia obvia en la conducción). La razón de tardar el doble de lo normal, fueron varias, pero la principal demora fue el maldito carnaval. Panamá tiene básicamente una autovía que va hacia el Oeste y todos los capitalinos huyen hacia el mismo lado en busca de fiesta y playas; resultado: casi 3h parados a las afueras de la ciudad. Así que ya sabéis, si vais no se os ocurra viajar por carretera el sábado de carnaval o hacedlo de noche. Por el camino paramos un par de veces a degustar víveres panameños que nos dieron algo de energía y moral. También paramos en Santiago durante más tiempo a comer en el bufé de la estación, para llenar el buche está bien, pero tampoco lo recomendaría. Al salir de Santiago ya buscamos el desvío hacia el interior, pero he de avisar que los carteles e información brillan por su ausencia. Encarecidamente si vas a conducir por Panamá bien lleva un GPS o pilla una tarjeta para usar alguna aplicación porque si no vas a perder mucho tiempo. Nosotros nos confiamos y 1h y pico que perdimos llegando a un pueblillo donde el camino acababa (cruzamos un par de riachuelos), eso sí, se llamaba Santa Catalina.

Jaír tras conquistar el Santa Catalina erróneo

Cuando ya pillamos la carretera correcta todo fueron alborozos y ganas de llegar, así que decidimos parar para comprar algo de cerveza y comida para hacer los desayunos de los dos días siguientes. Nuestro albergue (Bambu Deseo) estaba a las afueras del pueblo, bastante hippy y según decían los dueños: ecológico (que no me digas por qué unas paredes de ladrillo no lo iban a ser). Se nos echó la noche encima, así que una vez instalados bajamos al pueblo a buscar un tour hasta el Parque Nacional de Coiba. Suerte tuvimos y encontramos un chiringuito abierto justo al lado de una "agencia" y les preguntamos, pronto vino el dueño y nos vendió su tour (60$ por barba, comida incluida). Después de tomar un ceviche espectacular nos fuimos a cenar de verdad al Restaurante Pingüinos que la verdad nos pusieron un pescado muy bueno, un acierto total.
A la mañana siguiente llegamos al punto de encuentro donde nos encontramos con el guía y nos dieron las aletas para el snorkel. Bajamos hasta la playa y tuvimos que esperar a que subiera la marea para poder subirnos a la barcaza. Hacía un día espléndido y el viaje en la lancha fue muy agradable, el mar estaba tranquilo, un sol de justicia y un paisaje espectacular. Por el camino vimos algunos delfines y paramos cerca para poder verles mejor. Nuestro rumbo era el Parque Nacional de Coiba, Patrimonio de la Humanidad, reserva de no sé cuántas especies animales y plantas.

En la playa esperando a la marea

Esther disfrutando del trayecto

La calma del Océano Pacífico

Un delfín se asoma a saludar

Nuestra primera parada para hacer snorkel iba a ser el islote de Granito de oro, que en cuanto llegamos supimos el porqué del nombre, pero había demasiada corriente turbia así que cambiamos de parada y fuimos a un islote cercano. Allí nos pusimos las aletas y comenzamos el snorkel, luego volveríamos a la lancha para a ir a otra zona y finalmente después de comer pudimos hacer snorkel una vez más. La verdad que fue una maravilla bucear entre peces de todos los colores y tamaños en unas aguas tan cristalinas. Quizás los peces no eran tan coloridos como cuando estuve en Tailandia, pero aquí la cantidad de ellos era mucho mayor y lo mejor de todo es que ¡pudimos ver tortugas! Tuve la suerte de que una me pasara a pocos metros huyendo de mí, pero fue espectacular. Y no solo las tortugas fueron impresionantes, los tiburoncillos y las enormes manta rayas son dignas de ver. Algo que nos llamó mucho la atención fueron las corrientes que había, te arrastraban a bastante velocidad y había que tener bastante cuidado de no intentar nadar a la contra y extenuarse, por suerte la barcaza siempre estaba atenta por si alguno se cansaba y disponíamos de un flotador por si alguien quería descansar. La parada para la comida no fue en Isla Coiba sino en su vecina isla Ranchería o Coibita. Allí tuvimos tiempo para relajar, descansar, disfrutar del sol y de la belleza del paraje. Quizás habría sido interesante haber desembarcado en Isla Coiba y poder haber hecho un trekking, pero la verdad que para haber contratado el tour unas horas antes y sin valorar la opción de pasar noche allí, creo que no podemos quejarnos, es más, todos disfrutamos de la experiencia. Sin lugar a dudas es un lugar a no perderse de la visita a Panamá.


A la sombra de las palmeras en isla ranchería

Isla Ranchería o Coibita

Gala y Jair disfrutando de las aguas cristalinas
Snorkeleando
En la vuelta a Santa Catalina nos volvimos a encontrar con los simpáticos delfines y pudimos ver alguna que otra cabriola. Una vez en tierra volvimos al albergue para asearnos y prepararnos para ir a dar una vuelta por el pueblo. Cayó otro ceviche (estaba brutal) y para cenar acabamos en la pizzería Jammin (ni fu ni fa) tras intento fallido en el restaurante Bannaba que nos dijeron que la cocina llevaba un retraso de 1h. Al final en la pizzería la espera fue casi igual.
A la mañana siguiente decidimos disfrutar del magnífico tiempo e ir a la playa de El Estero, una playa muy larga de arena negra en la que se practica surf. Esther y Didio alquilaron una tabla y estuvieron cogiendo unas cuantas olas. Mi espalda estaba bastante quemada así que tocó bañarse con la camiseta, el snorkel había hecho sus estragos. Es una playa en la que no hay casi sombras, y las que hay están casi fuera de la playa, así que a usar bien de protección o a hacerse con una sombrilla. Probamos un poco el surf gracias a unas clases rápidas de Didio y decidimos que algún día haríamos algún cursillo. Había un sol de justicia pero la mañana se nos echaba encima y nos esperaba un largo viaje, volveríamos a Santiago a dejar a Esther y Didio (volvían a la capital en bus) y nosotros pondríamos rumbo a Alto Boquete.

Playa de El Estero

Esther lista para surfear

Preciosa El Estero


En resumen, no se si diría que la visita a Coiba fue lo que más me gustó del viaje ya que es difícil comparar cosas tan diferentes (playa, jungla, ciudad, etc) pero sin duda fue el "sitio de mar" que recomendaría no perderse. Si quieres aprender a surfear la playa de El Estero es una buena opción, así que ya tendrías dos cosas para hacer. El pueblo es pequeño pero animado y por la zona hay excursiones a playas y diferentes lugares que seguro merecen la pena si se dispone de más tiempo. Pinchando aquí puedes ver un mapa del pueblo y los diferentes alojamientos y restaurantes El albergue Bambú Deseo tenía un precio asequible y la verdad que no estuvo mal, buen ambiente y acceso a una cocina. La mayor pega que estaba un poco a las afueras del pueblo (unos 10min caminando, el camino final sin luz) y que no nos pusieron a todos en el mismo bungalow pese a haberlo pedido al hacer la reserva.


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